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Radler o la cerveza con limón

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Seguramente habrás oído hablar en más de una ocación de la cerveza Radler, pues bien, con la llegada del verano y el calor, la cerveza se convierte en una de las protagonistas de la temporada con su presencia en terrazas, barbacoas y neveras. Sin duda, para gran parte del público, la imagen transmitida por la cerveza radler es la de una de las bebidas más refrescantes y perfecta acompañante de los momentos de ocio estivales. Siempre hablando de las cervezas más consumidas: tipo lager de color dorado y moderada graduación alcohólica. Sin embargo a la hora de combatir la sed, hay un importante sector del público que elige otro tipo de bebida, principalmente por dos motivos: el alcohol por un lado, y el amargor que caracteriza a la cerveza a causa de la utilización del lúpulo para su elaboración, por otro lado.

Para atenuar tanto el alcohol como el amargor, existe la popular costumbre de mezclar la cerveza con un refresco de limón, lo que logra rebajar la graduación alcohólica, al mismo tiempo que incrementa la sensación refrescante por la naturaleza ácida y cítrica del limón, mitigando también el amargor. Se trata del cóctel más básico y sencillo en el que la cerveza adquiere el papel principal, pero también es la combinación más extendida y popular en el mundo cervecero. La tradición de consumir la cerveza con limón no es patrimonio español. Dicha costumbre nace a comienzos del siglo XX en Alemania, concretamente en Baviera, al sur del país, donde recibió el nombre de Radler, el cual se continúa utilizando (tanto dentro como fuera del país teutón) para referirse a la mezcla de limonada con cerveza, normalmente de estilo pils o helles. Analizando el origen semántico del vocablo, encontramos que la palabra es la usada por los alemanes de forma coloquial para referirse a los ciclistas, lo que nos transporta directamente al origen histórico de esta bebida.

El origen de la cerveza Radler

La bebida fue “inventada” durante los felices años 20 por el trabajador de ferrocarril, reconvertido a tabernero Franz Xaver Kugler. Profundamente fiel a las tradiciones bávaras, fundó un negocio hostelero que giraba en torno a las muestras más representativas de la gastronomía local, que incluía por supuesto cerveza. Lo bautizó con el nombre de Kugleralm, en obvia alusión a su apellido. Su ubicación, en un pequeño y bonito lugar llamado Deisenhofen, lleno de frondosos bosques, situado a una veintena de kilómetros al sur de la capital bávara, Munich, lo convertía en un destino idóneo para los excursionistas que huían del estresante ritmo de vida de la gran ciudad. Tras la finalización de la I Guerra Mundial, la afición por montar en bicicleta adquirió en toda Europa una gran popularidad, siendo muy habituales las rutas y excusiones en bicicleta organizadas para grupos de aficionados.

Pensando en el éxito de su negocio, el Sr. Kugler apoyó el proyecto de construcción de una pista destinada a las bicicletas, que atravesaba el bosque que separaba el bello enclave donde se encontraba su negocio, de la ciudad de Munich. Lo que a priori parecía una gran oportunidad por su excelente ubicación, junto a la pista para ciclistas, estuvo a punto de provocar paradójicamente su fracaso. Un soleado y caluroso sábado de junio de 1922 millares de ciclistas muniqueses usaron la pista coincidiendo al final en el Kugleralm. La demanda de cerveza por parte de los sedientos pedaleadores, fue tal que se excedieron hasta las previsiones más optimistas, llegando casi a agotar las reservas de cerveza de la taberna. Ante la catastrófica perspectiva de quedarse sin cerveza que ofrecer a sus clientes, el Sr. Kugler tuvo una brillante idea que puso inmediatamente en práctica: Mezclar cerveza con limonada, para prolongar el abastecimiento de cerveza, y no dejar a ningún cliente sediento sin atender.

Afortunadamente contaba con un gran stock de botellas de refresco de limón en su bodega, al que no podía dar una buena salida, dada la gran pasión por la cerveza que caracterizaba a su habitual clientela. De este modo consiguió, como dice el refrán, matar dos pájaros de un tiro: Por un lado no dejaba a un cliente sin servir y se deshacía al mismo tiempo de una mercancía que difícilmente podría vender. Las jarras que se sirvieron aquel día contenían una mezcla formada por un 50% de cerveza y un 50% de limonada. Además Herr Kluger tuvo la osadía publicitaria de autoproclamarse inventor de la mezcla, especialmente pensada para aplacar la sed de los ciclistas y al mismo tiempo evitar una posible intoxicación etílica que pudiera provocar lamentables accidentes con la bicicleta de vuelta a casa. A esta exitosa combinación, la denominó Radlermass: Radler, es la palabra usada en el alemán coloquial para los ciclistas y Mass, es el vocablo usado para referirse a las jarras de cristal de un litro de capacidad muy típicas en toda Baviera.

La Radlermass de Krugler se hizo rápidamente famosa en la ciudad de Munich, y en poco tiempo se convirtió habitual su presencia en los biergarten más importantes y concurridos de la ciudad. El éxito del invento no se redujo a aquel verano, ni a los que le sucedieron, sino que fue duradero, permaneciendo hasta nuestros días, donde se ha estandarizado la proporción de la mezcla en un 60% de cerveza y un 40% de refresco de limón. En la actualidad es una de las variedades más ofertadas por distintas compañías cerveceras germanas dentro de sus respectivos portafolios.

Un éxito que traspasó  fronteras y llega hasta nuestros días

Su éxito no se redujo sólo al estado de Baviera, sino también al norte del país y a la vecina Austria, donde recibe el nombre de Gespriztes y es una de las bebidas más consumidas durante el verano. Mientras que los bávaros la conocen como Radler, los alemanes del norte, la llaman Alsterwasser, que literalmente traducido al castellano quiere decir, “agua del Alster”, el pequeño río afluente del Elba, que fluye atravesando el centro de la ciudad portuaria de Hamburgo. Resulta frecuente que las cerveceras alemanas envasen sus respectivas versiones de la cerveza con limón, bajo las dos denominaciones, bien con etiquetados diferentes en caso de las botellas, o con dos lados diferenciados en el caso de las latas de aluminio.

La Radler se suele asociar con el deporte del ciclismo al aire libre, por lo que las imágenes de ciclistas con un bonito paisaje alpino de fondo suelen vestir las ediciones comercializadas en Baviera y el sur del país. La Alsterwasser, por su parte suele estar ligada a la imagen del mar y los deportes de navegación, por lo que los motivos más utilizados para etiquetas y latas, suelen ser de tipo naval, como veleros. Con el paso del tiempo han sido habituales las variaciones de la fórmula original, mezclándose con otros refrescos de frutas cítricas como pomelo, o refrescos como cola, que recibe el nombre de Diesel, quedando en este último caso un tanto desvirtuado el concepto original de la combinación.

Pero el éxito de la mezcla no sólo se ha limitado, como bien sabemos, al mercado alemán, sino que ha traspasado fronteras, pudiendo encontrar diferentes versiones de la mezcla en otros países como por ejemplo Francia o Italia, donde recibe el nombre de Panaché, o en Gran Bretaña y Estados Unidos, donde está extendida la denominación de Shandy. Sin embargo la Shandy original, es considerada como una creación de origen británico. Su invención es atribuida al mismísimo Enrique VIII, el famoso monarca inglés, quien la utilizó a modo de tónico reconstituyente y refrescante. Otras menciones de la popular combinación la sitúan en el siglo XVIII, apareciendo en la novela Tristram Shandy. En sus comienzos, la Shandy no era más que una mezcla entre cerveza y cerveza de jengibre, que sustituía al zumo de limón en la mezcla. Sin embargo, con el paso de los años se convirtió en un sinónimo de Radler en Inglaterra y Escocia, y actualmente se refiere a cualquier mezcla de cerveza y refresco de limón o limonada.

La denominación anglosajona fue importada en España durante la década de los 80, aunque el término autóctono por el que resulta conocida en nuestro país es el de “clara de limón”, a raíz de la variante que casi la supera en popularidad, la “clara”, que consiste en la mezcla de la cerveza con gaseosa. Un clásico que forma parte de la tradición sociocultural española de la segunda mitad del siglo XX presente en los bares y cervecerías, y que permanece vigente en nuestros días.

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