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Michelada Malinche

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Michelada: La mezcla

La michelada es el cóctel de cerveza que probablemente cuente con más adeptos en el mundo, pero esto no tiene especial mérito porque es adictiva.

Está compuesta de cerveza, limón y salsas picantes y especiadas, pero si quieres una Receta Maestra, te puedes ir olvidando. Ni siquiera en México, el país que vio la vio nacer, se ponen de acuerdo: en su capital, una michelada es una cerveza con limón exprimido, sin salsas, lo que llaman chelada en el resto del país; y hay variaciones como la michelada ojo rojo, a la que añaden zumo de tomate y salsa de almejas. Incluso hay quien la adorna con brochetas de gambas o ¡gominolas!, pero si buscamos el mínimo común denominador podría valer esta receta.

Preparación

Escarcha un vaso de boca ancha pasando por su borde una rodaja de limón e impregnándolo con Tajín, ese polvo de dioses hecho a base de chile, lima y sal. Sirve:

  • El zumo de al menos un limón o lima
  • Cuatro golpes de salsa Worcestershire
  • Tres golpes de Jugo Maggi
  • Dos golpes generosos de salsa Valentina
  • Una cerveza American Lager
  • Hielo

A partir de ahí, flexibilidad: en ocasiones la American Lager se sustituye por una cerveza negra, pero valdría cualquier Lager local; para reforzar la complejidad de aromas y la sensación picante puedes añadir sal de apio y pimienta negra. En vez de Valentina puedes utilizar otras salsas elaboradas con chipotle, la guindilla que aporta ese toque ahumado tan característico, y si no consigues Maggi y/o Worcester, puedes usar salsa de soja… pero no es lo mismo.

El hielo parece una herejía, sobre todo por este lado del Atlántico, pero garantiza la baja temperatura del cóctel, fundamental, y aporta cierta dilución que ayuda a que los aromas se abran. Si la cerveza está bien fría y sientes que traicionas tus principios dionisiacos, puedes olvidarte del hielo.

Una cerveza intensa, cítrica, especiada y compleja

Si has llegado hasta aquí estarás sonriendo con tu michelada recién hecha en la mano. No es sabio hacer caso a un adicto, pero a estas alturas qué más da. Dale un trago pequeño, descubre su intensidad cítrica, su sutil salinidad, esa complejidad especiada y el picante que poco a poco se instala en tu garganta. Última oportunidad para echarte atrás y dedicarte al  agua de coco o a las tónicas Premium o estás perdido; con el segundo trago, que suele ser largo, te has dado cuenta de que esta bebida endemoniada es… gloria bendita.

¿Te sientes como en el inicio de esta escena de la película Constantine? Bienvenido a la secta michelística. Por su picante y su capacidad de refrescar, da tanta sed como quita; es parte de su gracia. Si sumamos su versatilidad para combinar con comida, entenderás por qué los amantes de esta bebida suelen peregrinar devotamente hacia locales en los que las sirven bien.

Mi obsesión por esta doctrina comenzó en un viaje a México, en el que descubrí La mezcla. A la vuelta, no paré hasta conseguir reproducir el cóctel bendito y las micheladas se convirtieron en acompañante habitual en mi mesa. Un día, tras bajarse medio vaso de un trago, mi chica me preguntó: «¿A nadie se le ha ocurrido embotellar esta maravilla?». La investigación desveló algunas marcas en Estados Unidos que enlatan micheladas en formato de medio litro, pero ninguna hecha buscando la máxima calidad. Nos pusimos manos a la obra y año y medio después nació nuestra Michelada, Malinche.

Malinche

Malinche es una versión de la michelada adaptada a paladares internacionales, pensada para aquellos que quieren disfrutar de un buen cóctel sin mancharse las manos. Buscando una mayor presencia de la cerveza, hemos rebajado la cantidad de salsas y hemos utilizado una Pale Ale artesanal como lienzo. El resultado es una michelada fresca y suave, ligeramente picante y con esa complejidad de sabores que hacen que armonice con prácticamente cualquier comida.

Está diseñada para beber sola, aunque en compañía gana mucho. También agradece la mezcla con frutos secos, con aguacate, con tus amigos del curro, con comidas exóticas y especiadas, con la música de amplificador, con esa persona a la que quieres (impresionar), con la mayor parte de las tapas, con tu amigo el sibarita gastronómico, con tortilla de patata, con queso azul y con cualquier cosa que suceda en fin de semana. Con los chicles de menta no. No tomes Michelada Malinche con chicles de menta. En serio. No.

Por Alex Jorganes, socio fundador de Michelada Malinche

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