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Cultura Cervecera

Historia de la cerveza I

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La cerveza es una bebida milenaria que ha acompañado al hombre prácticamente desde el comienzo de la civilización; de hecho hay quien sostiene que la misma cerveza es una de las causas del nacimiento de la civilización o de la aritmética, dada la necesidad de contabilizar la producción de cereal y la cantidad de cerveza elaborada, puesto que llegaba a ser usada como moneda de cambio y base de la dieta alimenticia, aunque estas conclusiones en realidad proceden de hipótesis sin confirmar. Lo que es un hecho es que la cerveza es la bebida fermentada más antigua de la Historia, aunque resulta muy difícil determinar con exactitud el momento en el que se comenzaron a elaborar las primeras cervezas. Según las investigaciones llevadas a cabo por varios historiadores, hace más de 10.000 años, el hombre comenzó a consumir una bebida basada en el grano crudo de algún cereal fermentado, más cerca de una papilla, que del concepto de cerveza actual. Sin embargo los primeros testimonios de la fabricación de cerveza como tal, consistentes en unas trazas de cerveza hallados en los restos adheridos al interior de un recipiente de arcilla, datan de 5000 años atrás y se sitúan en la región de Oriente Medio, más concretamente en Mesopotamia, entre los ríos Éufrates y Tigris, la cuna de la civilización. En el caso de Europa, los vestigios de producción y consumo de cerveza más antiguos, se hallaron en la Península Ibérica, concretamente en la cueva de Can Sadurní en la provincia de Barcelona, procedentes del año 4300 a.C. y también los hallados en el Valle de Ambrona en Soria datados aproximadamente en el 2400 a.C. y en los restos del poblado íbero de Genó en la provincia de Lérida, fechados en el 1100 a.C.

Los historiadores sin embargo, consideran a los Sumerios como el primer pueblo en desarrollar el arte de la elaboración de cerveza, llegando incluso a mantener diferentes variedades de cerveza. Una tabla de arcilla sumeria hallada en una excavación arqueológica, fechada entorno al 1800 a.C. es considerada como la primera prueba histórica de la existencia de una receta para la elaboración de una cerveza. En los símbolos e iconos que aparecen grabados en ella, se pueden identificar la cebada, el proceso de cocción del pan (elaborado a partir de una mezcla de cebada y trigo), y cómo es troceado y mezclado con agua para preparar la mezcla, que se dejaba fermentar en vasijas de barro durante varios días. El líquido resultante era una bebida que proporcionaba alegría y felicidad a quienes la consumían, por lo que los sumerios aparte de conocer su valor nutritivo, también tenían conocimiento de los efectos intoxicantes del alcohol. La cerveza ocupaba un lugar tan importante en la vida de los sumerios, que incluso tenían una deidad dedicada a la cerveza, la diosa Ninkasi, en cuyo honor se preparaba una cerveza especial, denominada Sikaru, elaborada a partir de una masa panificada de cereales mezclada con agua, fermentada y a la que se añadía, dátiles, hierbas, especias y miel. Sin embargo, no podemos imaginar la bebida consumida por los sumerios como una cerveza tal y como la conocemos hoy, sino más bien como una bebida turbia, densa, con un aspecto similar al barro, y sin burbujas, pero que sin embargo resultaba eficaz a la hora de evitar las enfermedades por beber agua en malas condiciones.

Tras los sumerios, la cerveza llegó hasta el antiguo Egipto, donde recibió el nombre de Zythum. Los egipcios perfeccionaron el arte de fabricación de cerveza y lo desarrollaron a gran escala, como una bebida de consumo masivo para la población, formando parte de su dieta de sustento, e incluso como moneda de cambio, con la que pagaban a artesanos, funcionarios y ejército. Hasta convertirse en una auténtica industria de gran magnitud, curiosamente la producción de cerveza estaba destinada en exclusiva a las mujeres, quienes la elaboraban en su propio hogar, según pinturas y jeroglíficos encontrados en diferentes restos arqueológicos egipcios.

Posteriormente los romanos, pueblo enófilo por excelencia en la antigüedad, tuvieron conocimiento del consumo de cerveza en otros pueblos bárbaros del Norte de Europa, como los celtas, adonde se había extendido el cultivo de cebada con antelación. Su contacto con el pueblo egipcio al formar parte del Imperio Romano, introdujo la cerveza dentro del imperio, aunque el vino siguió siendo la bebida preferida por los césares. Tras la caída del Imperio Romano y las invasiones bárbaras llegó una época de oscuridad a Europa que desterró la cultura y el conocimiento durante largo tiempo. La religión en este momento de la historia influyó de forma determinante en el desarrollo de la fabricación de cerveza y otras actividades. Mientras que en Europa, las abadías cristianas comenzaron a ser centros de elaboración de cerveza desde el siglo V, en Oriente Medio y Norte de África, se produjo un retroceso con la llegada del Islam en el siglo VIII, quien abolió el consumo y la fabricación de todo tipo de bebidas alcohólicas, entre ellas, la cerveza, acabando con siglos de tradición cervecera en Egipto y en otros lugares que quedaron bajo la influencia islámica.

En un comienzo la cerveza comenzó a ser producida por pequeñas comunidades monásticas como parte de su actividad autosuficiente. La cebada era cultivada por los propios monjes y la cerveza elaborada era para consumo propio, y el de los peregrinos y fieles que visitaban los monasterios que recibían un poco de cerveza a modo de avituallamiento. El excedente era comercializado a fin de sustentar el resto de las actividades de la comunidad. Pero con el paso del tiempo la producción de cerveza comenzó a crecer de forma notable, hasta tal punto que en el año 817, en un concilio que se celebró en Aquisgrán por orden de la Iglesia, se reguló la fabricación, venta y consumo de cerveza.

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Los monjes a lo largo de la historia han sido por tanto determinantes en el desarrollo de la fabricación de cerveza, siendo los responsables de algunos de los más importantes avances, como la introducción del lúpulo o de la confección de un método base para la fabricación de cerveza. De hecho hoy en dia continúa su legado vigente en la industria cervecera actual, a través de dicho método que es la base del utilizado por infinidad de cerveceras actualmente, y a través de muchas de las recetas, nacidas en el seno de un monasterio, como en el caso de las cervezas de abadía y trapenses que se han preservado durante siglos en muchos casos.

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