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Cultura Cervecera

Cerveza Trapense

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Si hay unas cervezas que gozan de una gran reputación de forma casi unánime son las cervezas trapenses. Nacidas a partir de la tradición cervecera monástica europea con cientos de años de historia, estas cervezas atesoran un carácter colosal y una indiscutible calidad. Los monjes de las abadías en Europa, comenzaron a elaborar cerveza desde la Baja Edad Media, y a lo largo de los siglos las abadías que producían cerveza llegaron a contarse por centenares en el viejo continente. Las cervezas elaboradas por los monjes llegaron a alcanzar una gran popularidad entre la población, que las consideraba de buena calidad, capaces de alimentar cuerpo y espíritu, además de apartar la amenaza de las enfermedades que proliferaban en aquella época por beber agua en insalubres condiciones. Sin embargo, esta actividad mantenida durante más un milenio, sufrió un trágico revés con la llegada de la Revolución Francesa en 1789 y los años que la sucedieron, con gobiernos que atacaron especialmente al clero, expropiando los terrenos y despojando a los monjes de todas sus posesiones, cuando no eran encarcelados o ejecutados, lo que provocó el abandono de la actividad cervecera y la huida hacia monasterios benedictinos situados en tierras vecinas al norte y al este, intentando alejarse del anticlericalismo practicado por los revolucionarios. A partir del siglo XIX algunos de estos monjes retomaron la tradición cervecera en las abadías benedictinas donde recalaron en el área del actual Benelux. En el año 1997, ocho abadías benedictinas pertencientes a la orden de la Trapa: 6 en Bélgica (Orval, Chimay, Rochefort, Westvleteren, Westmalle y Achel), una más en los Países Bajos (Koningshoeven) y por último, una más en Alemania (Mariawald) crearon la Asociación Internacional Trapense (ITA) con el objetivo de evitar que las empresas comerciales trataran de abusar del nombre trapense con claras intenciones comerciales. Esta asociación privada creó un sello que es asignado a los productos (queso, cerveza, vino, etc) que producen las abadías pertenecientes a la Asociación y que respetan unos criterios de producción muy precisos, que en el caso de la cerveza son los siguientes:

  1. La cerveza debe ser elaborada dentro de los muros de una abadía trapense, o en un recinto propiedad de la orden monástica.
  2. La fabricación debe ser llevada a cabo por o bajo el control de los monjes trapenses.
  3. Los beneficios obtenidos por la Abadía a partir de la comercialización de la cerveza han de estar destinados al propio sustento de la comunidad monástica, o a obras sociales y benéficas.

Sólo 7 de estas abadías eran las que producían auténtica cerveza trapense hasta el año 2011. Las 6 belgas y la holandesa que formaban parte de la Asociación en un comienzo. En la actualidad la Asociación Internacional Trapense reúne a 18 abadías en todo el mundo, pero no todas producen cerveza. A la familia de las siete cerveceras trapenses se unieron tres en los últimos años: Engelszell en Austria, Saint Josef en Estados Unidos y Toevlucht en Países Bajos, haciendo un total de 10 abadías cerveceras trapenses.   Las cervezas elaboradas por las abadías trapenses son cervezas de alta fermentación, por lo general fuertes, con un contenido alcohólico superior al habitual, y embotelladas con levadura y un poco de azúcar en el interior de la botella, para que se lleve a cabo una nueva fermentación favorecida por este aporte extra de azúcar. Por lo general son cervezas muy aromáticas y con un sabor dulce y afrutado muy característico, fácilmente reconocible. Las cervezas trapenses suelen estar clasificadas en varios tipos que reciben la denominación de doble, triple y cuádruple, que no guarda ningún tipo de relación con el número de fermentaciones experimentadas por la cerveza en cuestión. Existen varias teorías respecto a la utilización de esta nomenclatura. La más técnica y ortodoxa la proporciona el MBAA (Master Brewers Association of the Americas) y la relaciona con la cantidad de azúcares fermentables que contiene el mosto obtenido en sucesivas fases de macerado a partir de una misma masa de malta, llenando y vaciando la caldera de maceración varias veces, obteniendo un mosto con menor cantidad de azúcares en cada extracción. Para el caso de las cuádruples y las triples se usaría el mosto obtenido en las primeras extracciones, más denso y rico en azúcares fermentables y para las dobles el obtenido en una segunda o tercera extracción.   También existe otra clasificación basada en un número asignado a la cerveza en función de la densidad inicial de la misma y sus características, que se basa en un antiguo sistema de medida usado por los monjes, siendo el 6 para la blonde, el 8 para la doble, el 10 para la triple y el 12 para la cuádruple.




 

Imagen cabecera: Cervecería de Westmalle. ©www.milo-profi.be

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